En Privado

Por En Junio 16, 2017 Enfasis , Opinión
Por Dionicio Lara

Suerte Maldita.

Baja California Sur, La Paz.- Oh suerte maldita el no haber alcanzado una de las medallas que a los periodistas otorgó el Congreso del Estado este 2017.

Pero tonto de mí, por no haber colmado de alabanzas a las y los diputados antes de pensar siquiera  en aspirar a una de ellas.

Tonto de mí por no haber reconocido previamente en los diputados su gallardía y su firmeza; y en las diputadas su valentía y su inteligencia.

Pero pequé de una total candidez e inocencia y estúpidamente hice justo lo contrario.

Por eso,  hoy confieso mis pecados:

Un día de tantos, en alusión a Edmundo Salgado Cota, dirigente del PRI, escribí que el liderazgo no se hizo para los débiles, ni para los timoratos, y que tras la llegada de un personaje gris, sin personalidad política definida, ahí –en el PRI— se anidó el desgano y la incertidumbre, y que  a partir de entonces la embarcación, -ya  sin mando y sin dirección–, se fue estrepitosamente a la deriva, para después hacer agua y  hundirse.

Dije también  que ya muchos sabían de las cuantiosas redes de corrupción que los dinosaurios tejieron insertos en cobros de facturas y cuotas de poder, logrando así tomar parte en el despreciable desenfreno, en el odioso  despilfarro, en el indeseable pillaje y en el oprobioso saqueo de nuestras riquezas.

Todo ello, lo dije, reafirmando que mientras eso sucedía, la ignorancia y la pasividad del pueblo eran explotadas para elevarlo a la máxima potencia y convertirlo –efectivamente- en el gran protagonista durante las jolgorientas festividades del domingo electoral, donde –por consecuencia-  en esa mesa de engaños,  el pueblo se convertía en el plato fuerte, y hasta en el postre que los ansiosos candidatos devoran como pirañas hambrientas.

Por eso hoy a los diputados tricolores les digo:

–Perdónenme. Y les doy la razón a las y los diputados del PRI por no haber votado por mí, a pesar de que yo cumplí 42 años ejerciendo  i-nin-te-rrum-pi-da-mente, la labor de periodista.

Después, -idiota de mí-, hice alusión, negativamente, a Andrés Manuel López Obrador, diciendo que  a estas alturas, luego de que le sacaron sus trapitos al sol con aquel soborno de su diputada Eva Cadena, ni siquiera el eterno precandidato a la presidencia de la república, y firme aspirante  a la ca-no-ni-za-ción por el papa Francisco, puede lanzar la primera piedra para demostrar que está libre de ser un corrupto.

Y abundé que, ese maldito cáncer de la corrupción galopa por todos los senderos de México, y no solo en el “prian” como reiteradamente acusa el macuspano expriiista y experredista,  que hoy se sigue dando baños de pureza.

Por eso. hoy a la diputada morenista le digo:

-Perdóneme usted. Y le doy la razón de no haber votado por mí,  a pesar de que yo cumplí 42 años ejerciendo  i-nin-te-rrum-pi-da-men-te, la labor de periodista.

Respecto al PAN, lo menos que hice, fue escribir una nota periodística a través de la cual aseguré  que una de sus diputadas  hacía negocio vendiendo cemento que ostentaba letreros de prohibida su venta.

Y lo peor vino después, -cuando dije  que mientras los exdiles se paseaban tranquilamente burlándose del pueblo-  a todas las  y los diputados eso les importaba un comino. Y para rematar mis errores, a todas y todos los metí en una sola licuadora para criticarlos.

Escribí entonces que justo como lo hacen los cobardes antes de desertar,  la gran mayoría de los diputados y las diputadas se dedican a  matar el tiempo en Exhortos e Invitaciones; en Decretos Paupérrimos; en Inconsistentes Puntos de Acuerdo y en Iniciativas triviales.

Abundé que bajo la sentencia de que “aquí no pasa nada”, inmersos en discusiones bizantinas, y en pláticas carentes de argumentos, de análisis, de juicio, dejan traslucir su escaso conocimiento en el debate de las ideas, en los acuerdos de altura, y que por culpa de ellos y ellas,  el pueblo sigue sumido en la indefensión… en la desconfianza… en la desgracia.

Acoté que martes con jueves y jueves con martes, con su índice en alto, se dedican a profanar la honorabilidad de un recinto erigido en aras de la libertad, de la soberanía, de la pluralidad, de la democracia; y que con esa uña de su índice en alto, son capaces de  rasgar la cúpula parlamentaria de la legalidad, y de la libre expresión de las ideas.

Y me pasé de la raya –reconozco- cuando anoté que veletas al fin, con principios ideológicos golondrinos, e insertos en intereses obscuros, bastardos y mezquinos, caen en la inercia… en la holganza… en el importamadrismo. Y que con poses de diva, convierten la máxima tribuna del estado en la pasarela de los reflectores, del exhibicionismo, del culto a la personalidad, de los elogios mutuos; y que al fin, proclives al protagonismo, a la improvisación, a la ovación y al aplauso, desdeñan los más nobles sentimientos del pueblo.

Los califiqué de Perversos, Apáticos e Indolentes, y que ya sentados en la curul de la suerte, del fuero, el ocio y la dieta, se cubren con la coraza de la arrogancia, la presunción y la soberbia.

Y me fui hasta la  cocina, -otra vez lo reconozco- cuando escribí que con argumentos pobres y sin fundamento, hacen de la Tribuna, el reducto del discurso veleidoso y el confín de la oratoria ficticia; y que ante liderazgos indefinidos y endebles, sus intervenciones más bien  encuentran la fórmula exacta de la excreta del gavilán.

Y que  Ellos, preocupados por la corbata y el traje que lucirán en la Sesión Solemne del “Día del Diputado”, y Ellas pensando en el peinado y las zapatillas, para lucir “El Día Internacional de la Diputada”,  soslayan los asuntos torales de la sociedad, lavándose las manos con el llanto y la sangre de los inocentes, convirtiéndose en cómplices del desaseo y en protectores de la corrupción.

Añadí que los diputados y las diputadas, no demuestran la reciedumbre, el vigor, la fuerza y el coraje para debatir; y que han sido más bien comprensivos, conciliadores,  cordiales y muy tolerantes al perdonar el despilfarro, el abuso, el cinismo, el robo,  y la perversidad de aquellos que han saqueado las arcas de todas las administraciones municipales, y que  de paso, se mofan de ellos y ellas, al igual que de nosotros (el pueblo).

Me pasé de la raya.

Por eso  a todas y todos ustedes hoy les pido a gritos:

–¡Perdónenme!-  lo admito,  -y otra vez  lo reconozco- que ninguno debía votar por mí,  a pesar de que yo cumplí 42 años ejerciendo  i-nin-te-rrum-pi-da-mente, la labor de periodista.

Y es que, cometí el mismo pecado cometido antes por don Raúl Zavala Magallanes, que siempre los criticó y por tanto, a pesar de sus más de 50 años como periodista. Jamás fue galardonado.

Al que por cierto, -gran amigo al fin-, un día le pregunté:

“Don Raúl… ¿dígame por qué no ha sido merecedor de una de esas medallas?

 Y su respuesta,  lacónica: “porque  molesto a los diputados…”.

Y ¡Oh estúpido de mí…!, porque en lugar de captar la señal que me envió don Raúl, opté también por molestarlos.

Tonto de mí, porque debí hacerlos amigos o compadres, para de esa manera yo también tener cabida en esos reductos que forman los compadrazgos y amiguismos…

Pero no lo hice.

Y por eso, hoy les digo:

-Perdónenme. Ya no los volveré a molestar. Les juro que pa° la próxima les haré todos los honres que se merecen.

Escribiré que son un dechado de virtudes y honestidades;  que son una gama de conocimientos e inteligencia. Que son los mejores representantes del pueblo y que constituyen lo mejor en la historia de las legislaturas.

Ah… y se los juro que para eso invitaré a don Raúl Zavala, y desde  el arcano, haremos un dúo periodístico para escribir justamente todo eso que ustedes ansían, desean y merecen.

Se los prometo.

Y les prometo que desde allá, donde no existe dolo, ni maldad, ni resentimiento, ni perversidad,  escribiremos solamente reconocimientos, loas, y alabanzas. Y que esos elogios los haremos en medio de cánticos y aplausos, solo para ustedes.

Todo eso haremos.

Pero conste. Lo único que no haremos es inclinar la cerviz,  ni ponernos de rodillas.

Porque siempre vivimos con la frente en alto. Y porque ninguno de ustedes nos pudo señalar con ese grotesco índice que levantan cotidianamente a cambio del hambre, la sed de justicia y el sudor del pueblo.

Por todo esto, no sin antes reconocer profundamente la distinción de amistad de solo uno: Camilo Torres Mejía, al resto, solo les pediré 2 cosas:

1.- Que si continúan con la farsa de las medallas, (porque sé que este escrito acabará con ellas) inserten en las bases de la convocatoria una cláusula especifica: “las medallas serán otorgadas a cualquiera QUE SE DIGA periodista. Siempre y cuando no haya molestado a las y/o los diputados, ni  a sus partidos políticos”.

2.- Que a don Raúl y a un servidor, nos honren con un epitafio, y nos  dediquen un Requiéscat in Paz que rece así:

“Santa Aracely mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Eda María mártir… Ruega por ellos…”.

“Santa María Guadalupe mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Diana Victoria mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Julia Honoria mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Norma Alicia mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Irma Patricia mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Maritza mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Lupita mártir… Ruega por ellos…”

“Santa Rosa  Delia mártir… Ruega por ellos…”

“San Amadeo apóstol… Ruega por ellos…”

“San Venustiano apóstol… Ruega por ellos…”

“San Sergio Ulises apóstol… Ruega por ellos…”

“San Alfredo apóstol… Ruega por ellos…“

“San Joel apóstol… Ruega por ellos…”

“San Alejandro apóstol… Ruega por ellos…”

“San Edson apóstol… Ruega por ellos…”

“San Rodolfo apóstol… Ruega por ellos…”

“San Marco Antonio apóstol… Ruega por ellos…”

“San Francisco Javier apóstol… Ruega por ellos…”

Creo que no es mucho pedir.

Cuestión de tiempo.

P.D.: En mi caso particular. Pueden elevar sus oraciones, antes de que marche al más allá, porque no quiero hacer lo que seguramente estará haciendo ahora don Raúl, “molestándolos”, en lugar de agradecerles.

 

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